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Lonchera nutritiva para tus hijos: guía práctica para armar un menú saludable todos los días

Preparar la lonchera escolar puede parecer una tarea rutinaria, pero en realidad es una oportunidad diaria para fortalecer la salud, energía y concentración de niñas y niños. En México, donde conviven tradiciones culinarias ricas y una alta disponibilidad de productos ultraprocesados, elegir con conciencia los alimentos que enviamos a la escuela es clave para fomentar buenos hábitos desde la infancia.

Una lonchera nutritiva no tiene que ser complicada ni costosa. Lo más importante es que sea equilibrada, variada y atractiva. Para lograrlo, conviene incluir alimentos de al menos tres grupos: frutas y verduras, cereales integrales o tubérculos, y una fuente de proteína. Esta combinación ayuda a mantener niveles de energía estables durante la jornada escolar y evita los picos de azúcar que generan cansancio o falta de concentración.

Las frutas frescas de temporada son una excelente base. En México hay una gran diversidad accesible y económica: manzana, guayaba, jícama, mandarina, papaya o mango en cubos con unas gotas de limón. Además de aportar vitaminas y fibra, su sabor natural reduce la necesidad de productos azucarados. Si se desea algo más práctico, se pueden cortar y guardar en recipientes herméticos desde la noche anterior.

En cuanto a cereales, lo ideal es optar por opciones integrales. Un sándwich de pan integral con frijoles, aguacate y queso panela; una quesadilla en tortilla de maíz con champiñones; o un mollete pequeño con pico de gallo son alternativas más nutritivas que las galletas industriales o pastelitos empaquetados. Las tortillas de maíz, parte esencial de la alimentación mexicana, aportan energía y combinadas con leguminosas como frijoles o lentejas forman proteínas de buena calidad.

La proteína es fundamental para el crecimiento. Puede incluirse a través de huevo cocido, rollitos de pechuga de pollo desmenuzada, atún preparado con verduras o yogurt natural sin azúcar añadida. El yogurt puede mezclarse con fruta fresca y un poco de avena para hacerlo más completo y evitar las versiones comerciales con exceso de azúcar.

Un aspecto clave es la hidratación. Enviar agua simple es la mejor decisión. Las bebidas azucaradas, incluso los jugos industrializados que se promocionan como “naturales”, suelen contener grandes cantidades de azúcar. Si se quiere variar, se puede preparar agua de frutas natural sin azúcar añadida, como agua de limón o de jamaica ligeramente infusionada.

La presentación también influye. Cortar los alimentos en formas divertidas, usar recipientes de colores o incluir una pequeña nota puede motivar a los niños a consumir lo que llevan. Involucrarlos en la elección y preparación del menú fomenta autonomía y mayor disposición para probar alimentos nuevos.

Planear el menú semanal facilita mantener el equilibrio. Por ejemplo, un día puede incluir una torta pequeña de frijoles con queso y rodajas de pepino; otro, una quesadilla de flor de calabaza con jícama y naranja; y otro más, un wrap de pollo con zanahoria rallada acompañado de manzana. La variedad evita la monotonía y asegura un mejor aporte de nutrientes.

También es importante considerar las porciones. La lonchera no sustituye el desayuno; debe ser un complemento que ayude a mantener la energía hasta la comida principal. Si el niño no desayuna en casa, será más probable que consuma en exceso productos poco saludables en la escuela.

Preparar una lonchera nutritiva es una inversión diaria en la salud de los hijos. Con alimentos frescos, combinaciones equilibradas y un poco de organización, es posible ofrecer opciones sabrosas que apoyen su desarrollo físico y mental. Pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden marcar una gran diferencia en sus hábitos alimenticios y bienestar futuro.

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