El cine de culto está de luto. Este 14 de febrero, en plena celebración del amor, el mundo del espectáculo perdió a uno de sus rostros más imponentes y singulares. El actor, dramaturgo y director Tom Noonan falleció a los 74 años, dejando un vacío en la galería de villanos que marcaron a las generaciones de los años 80 y 90.
Un adiós confirmado desde el set
La noticia del deceso fue difundida por el director Fred Dekker, quien trabajó con Noonan en la cinta de culto The Monster Squad (1987). A través de sus redes sociales, Dekker lamentó la pérdida de quien fuera su Frankenstein, calificando su actuación como una de las más memorables de su propia filmografía.
Hasta el momento, la familia y representantes del actor no han revelado la causa de muerte. Sin embargo, las muestras de respeto de colegas y seguidores no se han hecho esperar, destacando su capacidad para transformar su estatura de 1.96 metros en una presencia tanto amenazante como profundamente humana en pantalla.
El rostro detrás de la maldad cinematográfica
Nacido en Greenwich, Connecticut, en 1951, Noonan comenzó su trayectoria en las tablas del teatro con la obra Buried Child de Sam Shepard. Aunque su debut en el cine fue con la comedia Willie & Phil en 1980, fue su capacidad para encarnar la oscuridad lo que le dio la inmortalidad en Hollywood.
Entre sus interpretaciones más destacadas figuran:
- Francis Dollarhyde en Manhunter (1986): El primer «Diente de Hada» en la saga de Hannibal Lecter.
- Caín en RoboCop 2 (1990): El líder de una secta de traficantes de «Nuke».
- Ripper en Last Action Hero (1993): El némesis de Arnold Schwarzenegger.
- Gary Jackson en The Pledge (2001).
Más allá de los villanos
Además de su paso por la pantalla grande, Noonan fue un rostro recurrente en la televisión de prestigio, participando en series icónicas como The X-Files, Law & Order, CSI y Damages.
No se limitó a actuar; como cineasta, escribió y dirigió What Happened Was… (1994), cinta con la que ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine de Sundance, demostrando que detrás de su apariencia de villano habitaba una de las mentes más sensibles y creativas del cine independiente estadounidense.











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