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la regla 7-7-7: 21 minutos al día que pueden fortalecer el vínculo con tus hijos

Dedicar 21 minutos diarios de atención exclusiva a los hijos puede transformar la dinámica familiar. Así lo explicó Jordyn Koveleski Gorman, especialista en desarrollo infantil y fundadora de Eat Play Say, en declaraciones a la revista Hello! Magazine. Su propuesta, conocida como la “regla 7-7-7”, plantea dividir ese tiempo en tres momentos estratégicos del día para reforzar el vínculo emocional y adaptarse a las necesidades reales de cada niño.

La fórmula no es rígida ni requiere cronómetros. Consiste en encontrar siete minutos sin distracciones al comenzar la jornada, otros siete tras el reencuentro después de la escuela o guardería, y siete más antes de dormir. Estos periodos coinciden con transiciones importantes que, según la especialista, suelen ser emocionalmente vulnerables para los niños. “La intención detrás de la regla 7-7-7 es positiva. Ofrece a los padres una estructura sencilla para priorizar tiempo con sus hijos cuando más lo necesitan”, aseguró.

La propuesta encuentra respaldo en investigaciones académicas. Estudios de la Universidad de Harvard sobre desarrollo infantil destacan que la calidad de la interacción entre padres e hijos, incluso en lapsos breves, tiene un impacto significativo en la formación de lazos seguros. El Center on the Developing Child concluye que las interacciones constantes, cargadas de atención y afecto, son determinantes para el desarrollo emocional y cognitivo en la infancia.

En la misma línea, la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) ha subrayado la importancia de la presencia consciente en las rutinas familiares. Investigaciones sobre bienestar infantil indican que rituales cotidianos como compartir una merienda o acompañar el momento previo al sueño refuerzan la autoestima y la sensación de seguridad, incluso si su duración es limitada.

Las transiciones diarias —despertar, regresar a casa o prepararse para dormir— suelen implicar cambios de escenario que generan tensión en los niños. En estos momentos, la presencia adulta funciona como un andamiaje emocional que les ayuda a regular sus emociones. La Asociación Americana de Psicología ha confirmado que la atención exclusiva durante estas transiciones reduce los niveles de ansiedad infantil y mejora la comunicación dentro del hogar.

En este sentido, la regla 7-7-7 actúa como una herramienta preventiva. Al anticipar posibles episodios de irritabilidad, ansiedad o retraimiento, permite ofrecer un espacio seguro de conexión antes de que las emociones se desborden. Sin embargo, Koveleski Gorman advierte que interpretar la regla de forma rígida puede resultar contraproducente. “La conexión no está en el número. No se trata de medir siete minutos ni de hacerlo ‘correctamente’. Es cuestión de estar presentes de forma que el niño lo perciba”, enfatizó.

Más que una fórmula matemática, la propuesta es un recordatorio para desacelerar y priorizar la relación. Cualquier momento del día puede convertirse en una oportunidad de conexión si responde a las señales del niño. Un abrazo, una conversación breve o incluso compartir el silencio pueden ser igual de efectivos si se realizan con atención plena.

En un contexto donde la presión social y la autoexigencia parental son frecuentes, la regla ofrece alivio al demostrar que no es necesario pasar largas horas juntos para fortalecer el apego. La clave está en la repetición y la previsibilidad de gestos afectivos. Investigaciones de la Universidad de Oxford han demostrado que la consistencia en los rituales familiares, más que su duración, es lo que estructura el apego seguro y fomenta la resiliencia en la infancia. El Departamento de Psiquiatría Infantil de esa universidad concluyó que la repetición y previsibilidad en el afecto brindan seguridad al niño, más allá del tiempo exacto invertido.

La evidencia científica y la experiencia clínica coinciden en un punto esencial: la atención plena, aunque sea breve, puede marcar una diferencia profunda en el bienestar infantil. La clave radica en la capacidad de los padres para estar presentes, escuchar activamente y responder con sensibilidad a las emociones de sus hijos.

En definitiva, la regla 7-7-7 no busca imponer una meta cronometrada, sino recordar que pequeños momentos de conexión genuina pueden convertirse en pilares sólidos para el desarrollo emocional y la cohesión familiar.

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